Friday, April 22, 2011

Agua Fría Para El Alma Sedienta

Pasaje a leer: Juan 4:1-26

Imagínate que te encuentras en un lugar desértico donde los principales abastecimientos o fuentes de agua son pozos (hoyos profundos hechos en la tierra para encontrar venas de aguas subterráneas con el propósito de almacenarla y así disponer de ella). Sin embargo, para poder llegar al pozo más cercano tendrías que caminar probablemente kilómetros. Tal era el caso de los habitantes de Palestina, los cuales entendían mejor que nadie el valor de un pozo de agua en sus secos y áridos territorios. Entre los territorios de Palestina se encontraba Samaria, provincia ubicada entre Galilea (norte) y Judea (sur). La historia de hoy se relaciona con esta región en particular. El pueblo judío y el samaritano no tenían tratos entre sí, ya que a pesar de que los samaritanos eran descendientes de los judíos, éstos eran resultado de una mezcla entre el pueblo judío con otros pueblos (particularmente el pueblo asirio) luego que los israelitas/judíos fueran llevados cautivos a Asiria (2 Reyes 17). Debido a que los samaritanos no tan solamente eran una raza mixta sino que también habían optado costumbres y ritos religiosos de los pueblos paganos y los habían mezclado con las prácticas judías, éstos eran considerados impuros por los judíos. Tal era la enemistad entre estos dos pueblos, que cuando los judíos venían de Judea a Galilea, preferían tomar una ruta casi el doble de larga y así evitar pasar por Samaria. Pero una vez más, Jesús rompió con estas barreras sociales y religiosas. Cuando Jesús salió de Judea camino a Galilea, decidió tomar la ruta más corta…. por Samaria. La Biblia menciona que era casi el medio día (la hora sexta) cuando Jesús se sentó junto a un pozo (el Pozo de Jacob), ya que <span>estaba cansado del camino</span>. Una mujer samaritana vino a sacar agua al pozo, y Jesús le pidió de beber. La mujer estaba sorprendida: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Y Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y <span>él te daría agua viva</span>.” La respuesta de Jesús tiene mucho significado….el término “agua viva” se refiere a que esta agua no estaba estancada sino que fluía…en otras palabras, esta agua era como un manantial que brota naturalmente y está siempre disponible y en gran abundancia. Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. “¿De dónde, pues, tienes el agua viva?”- contestó la samaritana. Su contestación fue bien lógica….cómo Jesús podía darle de esa agua tan ansiada, agua que la saciaría para siempre y no tendría que ir a sacarla (vs. 13-16)? Bueno, Jesús no se refería al agua del pozo sino que quería saciar la sed espiritual que ésta tenía. Sin embargo, Jesús usó algo físico y visible para revelarle algo no visible... <span>Él sabía lo que era estar cansado y sediento del camino</span>… Esta mujer probablemente pensó que el vacío y la falta de amor que sentía en su alma podían ser saciadas con el amor o compañía de personas que la hicieran sentir viva (vs. 16-18). Sin embargo, su vida era como aquel pozo profundo, que para poder tener vida necesitaba de una fuente o vena de agua subterránea….Jesús era y continúa siendo esa fuente de agua viva que llena y sacia nuestras vidas. Él no solo promete saciarnos para una eternidad, sino que no importa cuál sea nuestro pasado ni los errores que hayamos cometidos, Él nos perdona, nos limpia (agua también es símbolo de purificación) y nos deja saber que Sí le importamos…..que no importa cuánto se tenga que recorrer….Él siempre irá a nuestro encuentro. Dios les bendiga rica y abundantemente!

God bless!!!



Juan 4:1-26
Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo."

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