Friday, April 22, 2011

El Camino del Desierto

Deuteronomio 8: 2-10

Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.

 El pueblo de Israel vivió por más de 400 años en esclavitud, en Egipto. La mano poderosa de Dios los libertó, y una vez salieron de Egipto, Dios les abrió camino por el Mar Rojo, por el cual pasaron en seco mientras estaban siendo perseguidos por los egipcios. Sin embargo, luego que el pueblo de Israel cruzó el Mar Rojo, Dios juntó las aguas y destruyó a sus enemigos. Desde ese entonces, los israelitas comenzaron su caminar en el “Desierto”.

Sin duda alguna, para poder tener una idea más clara de lo que representa un desierto tenemos que definirlo, o mejor dicho, describirlo. Por lo general, un desierto es un lugar que no tiene provisiones, no hay cultivos, ni frutos y difícilmente se puede encontrar agua. En otras palabras, de no estar preparado a la hora de pasar por el mismo, de cierto la persona desfallecería. Por qué mencionar esto, más adelante entenderás.

Jesús tuvo hambre luego de pasar 40 días en el desierto, en ayuno, y Satanás le tentó (Mateo 4: 1-4): “Si eres hijo de Dios”…- Satanás sabía quién era Jesús, pero en el momento de hambre, trató de engañarlo, confundirlo, hacerlo dudar. Satanás continuó diciéndole: …” di a estas piedras se conviertan en pan”. Satanás sabía que Jesús tenía poder, que podía hacer milagros porque era hijo de Dios (Dios mismo hecho carne), y que podía saciar su hambre física en aquél mismo instante con tan solo abrir su boca y dar la orden. El plan de Satanás era manipular a Jesús para que se dejara influenciar por sus deseos de ser saciado; que se dejara influenciar por esa voz que escuchaba. Pero el plan de Dios no era ese, sino el que Jesús aprendiera a depender de Su Padre, que no importando cuán desesperado o necesitado estuviera, confiara en que Su Padre supliría esa necesidad en el momento preciso. Sin embargo, Jesús descifró las intenciones de Satanás, sabía que su plan era engañarlo en medio de su necesidad física y le contestó de la siguiente manera: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

En otras palabras, para poder cruzar el desierto tenemos que estar preparados y llevar provisiones, ya que en el mismo no hay alimento y el cruzarlo requiere de tiempo. Durante el paso por el desierto, llegará el momento en donde las provisiones que llevábamos se nos acabarán y comenzaremos a debilitarnos, nos dará hambre y buscaremos de alimento que sacie nuestra necesidad. Es en ese preciso momento donde Satanás encuentra la oportunidad para tratar de engañar. Satanás es engañador y mentiroso…el es “padre de mentira”. Satanás tiene sus estrategias: 1) tratará de sembrar la duda = “Si eres hijo de Dios…” – en otras palabras, él quiere que creamos de que Dios se ha olvidado de nosotros. Él quiere que lleguemos al punto de decir: ¿Por qué estoy yo pasando por esta situación? ¿Por qué Dios ha permitido que suceda esto si yo le sirvo a él?

Cuando pasamos por el desierto, Dios nos aflige y nos hace tener hambre. Sin embargo, esta hambre no es física, sino espiritual. Es por eso que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, porque es en el desierto donde realmente aprendemos a vivir por fe. Es por esa razón que Satanás nos ofrece opciones basadas en nuestros deseos, nuestros anhelos porque cuando le servimos a Dios, ya él no tiene parte ni suerte con nosotros. El Señor Jesús nos libertó de la esclavitud del pecado, de la muerte, de las garras de Satanás. El tiempo que pasamos por el desierto es largo y comenzamos a debilitarnos porque anhelamos palabra de Dios; anhelamos escuchar Su voz en el momento de nuestra aflicción. Durante ese momento de aflicción, tenemos que decidir entre dos opciones:

1) Nos apresuramos y nos dejamos llevar por nuestros impulsos carnales, en donde optamos por hacer nuestra voluntad y después de haber recorrido gran parte del camino, nos rendimos y decidimos no continuar. Desmayamos, nos dejamos dirigir por la voz que nos dice: “Anda, come, total, ¿por qué pasar hambre si tienes para comer? Decidimos no esperar por la provisión y no le creemos a Dios.

2) Aunque nos sintamos débiles y sin fuerzas, continuamos adelante con la esperanza de que al final del desierto hay un oasis, hay grande bendición. Decidimos esperar, luchar, a pesar de que sintamos que hemos de desmayar. Miramos hacia atrás, hacia el camino que hemos recorrido y decidimos continuar. Hemos pasado un tramo largo, no sabemos cuánto nos falta para cruzar el desierto, pero estamos convencidos de que sí queda poco y de que hemos de sobrevivir.

Cuando optamos por la segunda opción, la de continuar y no rendirnos, es cuando Dios nos sustenta con comida no conocida por nosotros, esto es maná del cielo. El maná era el alimento (pan) que Dios suplió al pueblo de Israel por cuarenta años, por todo el tiempo que pasaron en el desierto. Éste caía todas las mañanas con el rocío, por todo el campo de los israelitas y en grandes cantidades. Tal así, que durante los 40 años de la peregrinación en el desierto fue suficiente para servir a la multitud entera.

Dios nos sustenta con maná para hacernos saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Dios da el  verdadero pan del cielo para sustentarnos, para suplir nuestra necesidad.

 Juan 6:33 “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Jesús es este pan de vida: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida.   Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:47-51)

El maná fue dado al pueblo de Israel por 40 años, pero cesó de caer tan pronto los israelitas llegaron a los límites de la tierra de Canaán, de la tierra que Dios había prometido a su pueblo como morada final. Dios les prometió que una vez pasaran y soportaran el desierto,  iban a gozar de una grande bendición; iban a tener en abundancia, pero primero tenían que ser probados. Dios quería saber lo que realmente había en el corazón de su pueblo.

Cuando le creemos a Dios, cuando esperamos en él, no importando que nuestro ser de debilite, que nuestras fuerzas disminuyan, al final que el lugar que Dios tiene para nosotros es mucho mejor. Por medio del Señor Jesús y por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, somos introducidos a la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel.

El Señor nos dice: prepárate, hazte provisión para tu alma y espíritu, llénate de mí todos los días de tu vida. Busca presencia de mí, escudriña mi palabra y grábala en tu corazón porque pasarás momentos de sequías, momentos en donde te sentirás débil, sin fuerzas; momentos en donde la duda se presentará para hacerte desmayar. En esos momentos Satanás te tentará, te ofrecerá otras alternativas pero Yo soy el único que abre el camino para salir de los lugares de sequía y llevarte a los lugares donde abundan las aguas. Dios está probando nuestra fidelidad en los momentos de escasez, pero aunque tardare la respuesta, El nos dice: “No desmayes, esfuérzate, porque Yo nunca llego tarde, Yo no te doy más de lo que no puedas soportar. Juntamente con la prueba, yo te doy la salida. Pero sólo una cosa te digo: sólo los valientes arrebatarán el reino de los cielos”

God bless!!!!


Promesas que el Señor nos hace cuando estemos en momentos de dificultad:

Isaías 41:10; 43:1-3; 58:11; 26:4; 40:31
Proverbios 28:20,27
Jeremías 17:7-8; 29:11
Deuteronomio 7:21; 31:8
Salmo 14:5-9; 37:4
Juan 14:1-3; 16:33
 Romanos 8:31-32
2 Timoteo 1:12
Hebreos 4:16
Salmo 33:18,20; 42:11
Habacuc 2:3
Romanos 1:17;12:12; 15:12
Hebreos 9:27-28; 10:23
1 Pedro 1:3-4
1 Juan 3:1-3
Génesis 28:15

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