Sin duda alguna, nuestra naturaleza humana nos lleva una y otra vez a ser orgullosos, engreídos y egoísta. ¿Por qué lo digo? Bueno, simplemente porque cuando realmente queremos o deseamos algo, nos acercamos a Dios….o mejor dicho….le pedimos a El que nos ayude a obtener lo que queremos. Pero…. ¿qué hacemos una vez obtenemos lo que anhelábamos? La triste realidad es que en muchas ocasiones nos olvidamos de que hay un Dios que nos ayudó y en muchos casos, lo volvemos a meter en el “cajón del olvido” hasta que nos convenga volverlo a sacar o cuando deseemos algo, simple y sencillamente porque lo visualizamos como un genio dentro de una lámpara, el cual estará siempre a “nuestra disposición”. Por otro lado, si no obtenemos lo deseado nos molestamos, nos desilusionamos, nos entristecemos, nos rebelamos en contra de Dios y de igual forma lo echamos hacia un lado pensando en que “sus poderes mágicos” ya no funcionan, y por lo tanto……para que seguir pidiéndole si El “no nos escuchará”. ¿Te suena esto familiar? ¿Conoces a alguien que le haya pasado algo similar….o quizás tú lo hayas experimentado? Todos en alguna etapa de nuestras vidas experimentamos momentos de alegría al igual que momentos de dolor…… sin embargo, nuestra manera de visualizar a Dios y la madurez que mostramos al momento de las pruebas reflejan no tan solamente cuánto hemos creído en Dios sino también que El conoce el por qué de cada situación y elpara qué lo ha permitido. Dios tiene todo bajo control. La Biblia nos enseña que muchos hombres de fe tuvieron momentos de alegría y momentos de dolor y de quebrantamiento. Que mejor ejemplo que el rey David, el cual experimentó momentos de reconocimiento y majestuosidad, de triunfo en medio de batallas, de gozo y alegría al sentir la presencia de Dios en su vida. Sin embargo, David también experimentó angustia al ser perseguido por un ser querido (el rey Saúl) que quería verlo muerto…..angustia y dolor luego de haber no tan solamente planificado matar a un hombre inocente para quedarse con su mujer, sino que también vivió las consecuencias de sus actos y experimentó la lejanía de la presencia de Dios. Que mucho podemos aprender de David…… su historia nos enseña cuán lejos está el ser humano de la perfección pero también su vida nos demuestra el proceso de restauración y del amor incondicional de parte de Dios. Para que puedas entender las emociones que experimentó David, te invito a leer el Salmo 66, en donde verás que a lo largo de su vida, sus experiencias le ayudaron a reconocer y amar cada día más a Dios y aunque quizás David no se imaginara el por qué de sus dificultades, hoy nosotros somos testigos del para qué Dios las permitió…..sus experiencias fueron escritas junto con sus emociones y HOY son de gran bendición y enseñanza para nosotros.
God bless!!!!
¡Aclamen alegres a Dios, habitantes de toda la tierra! Canten salmos a su glorioso nombre; ¡ríndanle gloriosas alabanzas! Díganle a Dios: ¡Cuán imponentes son tus obras! Es tan grande tu poder que tus enemigos mismos se rinden ante ti. Toda la tierra se postra en tu presencia, y te cantan salmos; cantan salmos a tu nombre. ¡Vengan y vean las proezas de Dios, sus obras portentosas en nuestro favor! Convirtió el mar en tierra seca, y el pueblo cruzó el río a pie.¡Regocijémonos en él! Con su poder gobierna eternamente; sus ojos vigilan a las naciones. ¡Que no se levanten contra él los rebeldes! Pueblos todos, bendigan a nuestro Dios, hagan oír la voz de su alabanza. Él ha protegido nuestra vida, ha evitado que resbalen nuestros pies. Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata. Nos has hecho caer en una red; ¡pesada carga nos has echado a cuestas! Las caballerías nos han aplastado la cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has dado un respiro. Me presentaré en tu templo con holocaustos y cumpliré los votos que te hice, los votos de mis labios y mi boca que pronuncié en medio de mi angustia. Te ofreceré holocaustos de animales engordados, junto con el humo de ofrendas de carneros; te ofreceré toros y machos cabríos. Vengan ustedes, temerosos de Dios, escuchen, que voy a contarles todo lo que él ha hecho por mí. Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua. Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor! (Salmo 66- NVI)
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