Me imagino que muchos de ustedes han pasado o están pasando por momentos un poco difíciles, momentos donde se han sentido al borde de la desesperación, donde han sentido que deben renunciar a muchos planes, sueños o simplemente olvidarse de aquellas metas que al parecer nunca las podrán alcanzar. Estos momentos que pueden estremecer o hamaquear nuestras vidas pueden ser vistos como "fuertes vientos", ya que en cierto modo azotarán nuestra barca (vida) y si no nos aferramos a Dios como nuestro ayudador y única esperanza, entonces nuestra barca se verá afectada. Con el transcurso del tiempo, nuestra barca puede adentrarse mar adentro y cuando somos azotados por los fuertes vientos, hay grandes probabilidades de que también se levanten grandes olas, las cuales amenazarán con hundir nuestra barca. Sin embargo, no importa cuán fuerte sean los vientos, cuán grandes sean las olas o cuán oscuro se vea el panorama, basta sólo una palabra de Nuestro Señor Jesús para que el viento se calme. El pasaje a leer hoy nos muestra claramente que cuando mantenemos nuestra mirada y confianza en Nuestro Salvador, seremos capaces de seguir caminando, inclusive sobre las aguas, pero al momento que nuestra mirada es desviada o enfocada en lo que nos rodea o nos perturba, entonces nuestra vida puede llenarse de temor y dudamos del cuidado que Dios tiene para con nosotros. Que el Señor les bendiga poderosamente y recuerden que "luego de la tormenta, llega la calma".
God bless!
Liz
Mateo 14:22-33
“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.”
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