¿Alguna vez te
has visto en la posición donde te han pedido un Certificado de Buena Conducta o
donde tus antecedentes penales han sido verificados? Todos, en algún momento en
nuestra vida, hemos pasado por eso: financiamiento de carro, historial de
crédito, trabajo estatal, gubernamental o federal, etc. En el caso de que
tengamos antecedentes penales, éstos han de reflejarse en nuestro “record
criminal” o historial. Muchos de estos delitos cometidos ocurrieron hace mucho
tiempo atrás, quizás cuando estábamos en la adolescencia y éramos sumamente inmaduros
e irresponsables. Sin embargo, las consecuencias de nuestros actos pasados dejaron
una “marca o huella”. Nuestro pasado no tan solo es traído a la memoria por
medio de recuerdos, también por medio de documentos que contienen información
detallada de nuestras faltas. Se pudiera decir que, en nuestra sociedad, podemos
cambiar el curso de nuestras vidas con las decisiones tomadas en el presente pero
no podemos cambiar o alterar nuestro pasado. Ahora bien, en caso de no tener antecedentes
criminales o problemas con la ley, no podemos negar que todos y cada uno de
nosotros hemos cometidos errores o actuado indebidamente. Probablemente hemos
sido desleales/infieles
con aquellos cercanos a nosotros; hemos mentido para no revelar nuestros más
íntimos secretos o simplemente por temor; robamos un dulce cuando pequeños o tomamos
algo que no nos pertenecía; ofendimos a quien más amamos; murmuramos
de alguien (chismes) o decimos cosas hirientes y denigrantes a sus espaldas;
hemos sido orgullosos, creídos y arrogantes, por lo que no
hemos tendido la mano a alguien menos afortunado que nosotros; le hemos deseado
mal a alguien, etc. Historial criminal o no, todos y cada uno de
nosotros hemos faltado a las expectativas y a la ley universal de Dios:
“…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con
toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la
ley y los profetas”- Mateo
22:37-40
Muchas veces
deseamos dar marcha atrás y cambiarlo todo…pero no podemos. Sin embargo, aunque
nuestro historial refleje todas nuestras faltas y la sociedad nos juzgue por
ellas, Dios nos da una nueva identidad…nuestras faltas y antecedentes
criminales son eliminados de nuestro historial.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios”- Juan
1:12
“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su
pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en
cuyo espíritu no hay engaño”- Salmo
32:1-2
“Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus
pecados y de sus iniquidades”- Hebreos
8:12
¡Qué lindo
saber que nuestro pasado es anulado y que tenemos una nueva identidad en Dios!
Dios no es como el hombre…Dios no nos restriega en la cara nuestras faltas, de
ser así, no existirían las historias escritas en Su Palabra, y mucho menos, pudiéramos
decir que Dios es amoroso y misericordioso. Abraham, Moisés y David fueron hombres
de gran fe que pasaron por el “background check” de la sociedad y también por
el de Dios.
Abraham mintió
con respecto de Sara (esposa de Abraham) en Egipto por temor a que lo mataran.
Por tanto, la hizo pasar por su hermana (Génesis 10:20).
Moisés mató a
un egipcio que maltrataba a un hebreo (Éxodo 2:11-14).
David deseó a
una mujer casada (Betsabé), y sabiéndolo, cayó en adulterio y planificó y conspiró
para la muerte de Urías, esposo de Betsabé (Génesis 11:3-17).
A pesar de los
errores cometidos, Abraham, Moisés y David fueron hombres que creyeron en Dios,
le siguieron y fueron transformados por Dios. El pasado de ellos no detuvo el
propósito de Dios, al contrario, sus caídas reflejan el perdón, la misericordia
y la gracia de Dios para con una humanidad llena de defectos. Jesús vino a este
mundo para perdonarnos, lavarnos y darnos una vida nueva. Dios, en su infinita
misericordia, cambió el sistema “judicial” celestial…la sangre y sacrificio de
Jesús y Su Espírito Santo cambian nuestro presente y futuro al darnos vida
nueva y ciudadanía nueva.
“…mas ya habéis sido lavados,
ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados en
el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”- 1 Corintios 6:11
“Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad,
la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el
Espíritu Santo que él había prometido. Este Espíritu es el anticipo que
nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado
nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que
todos alabemos su glorioso poder”- Efesios
1:13-14 (Versión Dios Habla Hoy).
Nuestras vidas
son como una prueba de identidad oficial, como un pasaporte, el cual nos permite
el acceso de un lugar a otro, siempre y cuando sea legal y vigente. Por la
sangre de Cristo somos limpios y sin mancha, y por medio de su Santo Espíritu se
legaliza nuestra identidad como hijos y coherederos de Dios.

No comments:
Post a Comment