Monday, September 2, 2013

Una Simple Pregunta


Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? (Mateo 22:36

Muchos o la mayoría de nosotros hemos tenido la oportunidad de escuchar a alguien dando una charla o discutiendo un tema en particular. ¿Cierto? ¿Qué tal escuchar una maestra explicando y resolviendo ejercicios de matemáticas? Seguramente todos hemos pasado por lo mismo. Si las matemáticas nunca coinciden contigo, bienvenido a mi club…enemigos de las matemáticas. Los cómputos matemáticos son bien específicos, en mi opinión. Un número o signo que omites en un problema te cambia todo el resultado. Por lo tanto, si no prestamos atención, al final nos preguntaremos ¿qué hice mal o qué omití? Ciertamente los momentos de confusión y de búsqueda de respuestas a muchas preguntas son parte de nuestra naturaleza humana… especialmente aquellos relacionados a nuestra fe y vida espiritual. 

En los tiempos de Jesús, cierto intérprete de la ley (persona conocedora, estudiosa de ley) decide hacerle la siguiente pregunta a Jesús, con la mera intención de tentarle (Mateo 22:35)

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? (Mateo 22:36). Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas (Mateo 22:37-40
Mandamiento (ordenanza, estatuto, mandato) = precepto u orden de un superior a un inferior.
Ley = precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.


Me pregunto, ¿cuál habrá sido la reacción del intérprete de la ley al escuchar la respuesta de Jesús? Jesús, en lugar de enfocarse en una serie de reglas y de imposiciones se enfocó en algo sumamente vital y muchas veces no tan bien practicado por nosotros… la ley del amor. ¿Qué es amor? ¿Cómo se define la palabra amor? La definición dada por la real academia española es la siguiente:

Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”

O sea, que cuando el ser humano reconoce que hay algo que falta en su vida, cuando reconoce su necesidad por Dios…siente buscarle y estar en una relación cercana con él. ¡Wow! Ese es el primer mandamiento…amar a Dios…amarlo con toda nuestro corazón, alma y mente….amarle con todo nuestro ser. ¿Cuántos nos hemos enamorado alguna vez y hemos sentido que dicha persona produce en nosotros el deseo de estar con ella constantemente? Ese es el tipo de sentimiento y relación que Dios quiere tengamos con El…que sintamos esa necesidad y dependencia de Él, que anhelemos nunca separarnos de Él…que le amemos con todo lo que somos, con todo lo que tenemos. Y el segundo mandamiento es que luego de Dios, veamos a nuestro prójimo y le amemos como a nosotros mismos (Gálatas 5:14; Santiago 2:8). ¿Por qué como a nosotros mismos? 

1) Porque el amor NO HACE mal al prójimo = no hacemos lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor (Romanos 13:8-10)

 2)  Porque Cristo nos amó y en su condición humana, en humildad, se entregó a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados. Cristo es el ejemplo a seguir. No podemos ser egoístas sino que debemos pensar en los demás.

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,  el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:3-9)

Quizás te preguntes, ¿y qué de la ley dada al pueblo de Dios? ¿Hay algo malo en ella? Mira lo que la Palabra nos enseña:

1) La ley nos enseña a distinguir entre el bien y el mal. La ley nos enseña lo que para Dios es considerado pecado (todo aquello que va en contra de Sus estatutos). 

“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).

2) La ley fue dada por un corto tiempo, para que nos instruyera en el conocimiento de Cristo y nos preparara para recibir a Cristo como Nuestro Señor y Salvador. La ley no es de fe, sino que estipula una serie de preceptos o estatutos que, de no ser cumplidos tal y como están estipulados, el hombre se considera pecador y transgresor de la ley. 

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:10-13)

Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:19-29)

En resumen, ¿qué tiene mayor peso de eternidad conforme a los preceptos de Dios? ¿cuál es ley de mayor importancia para Dios?

Amarale con todo nuestro ser (corazón, alma, y mente) y amar a nuestro prójimo (incluyendo a aquellos que nos hacen mal) como a nosotros mismos.

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