Maestro, ¿cuál es el
gran mandamiento en la ley? (Mateo
22:36)
Muchos o la mayoría de nosotros
hemos tenido la oportunidad de escuchar a alguien dando una charla o
discutiendo un tema en particular. ¿Cierto? ¿Qué tal escuchar una maestra
explicando y resolviendo ejercicios de matemáticas? Seguramente todos hemos
pasado por lo mismo. Si las matemáticas nunca coinciden contigo, bienvenido a
mi club…enemigos de las matemáticas. Los cómputos matemáticos son bien
específicos, en mi opinión. Un número o signo que omites en un problema te
cambia todo el resultado. Por lo tanto, si no prestamos atención, al final nos
preguntaremos ¿qué hice mal o qué omití? Ciertamente los momentos de confusión
y de búsqueda de respuestas a muchas preguntas son parte de nuestra naturaleza
humana… especialmente aquellos relacionados a nuestra fe y vida espiritual.
En los tiempos de Jesús, cierto intérprete de
la ley (persona conocedora, estudiosa de ley) decide hacerle la siguiente
pregunta a Jesús, con la mera intención de tentarle (Mateo 22:35)
Maestro, ¿cuál es el
gran mandamiento en la ley? (Mateo 22:36). Jesús le dijo: Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo
es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De
estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas (Mateo 22:37-40)
Ley = precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.
Me pregunto, ¿cuál habrá sido la reacción del intérprete de la ley al
escuchar la respuesta de Jesús? Jesús, en lugar de enfocarse en una serie de
reglas y de imposiciones se enfocó en algo sumamente vital y muchas veces no
tan bien practicado por nosotros… la ley del amor. ¿Qué es amor? ¿Cómo se
define la palabra amor? La definición dada por la real academia española es la
siguiente:
“Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de
su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”
O sea, que cuando el ser humano reconoce que hay algo que falta en su
vida, cuando reconoce su necesidad por Dios…siente buscarle y estar en una
relación cercana con él. ¡Wow! Ese es el primer mandamiento…amar a Dios…amarlo
con toda nuestro corazón, alma y mente….amarle con todo nuestro ser. ¿Cuántos
nos hemos enamorado alguna vez y hemos sentido que dicha persona produce en
nosotros el deseo de estar con ella constantemente? Ese es el tipo de
sentimiento y relación que Dios quiere tengamos con El…que sintamos esa
necesidad y dependencia de Él, que anhelemos nunca separarnos de Él…que le
amemos con todo lo que somos, con todo lo que tenemos. Y el segundo mandamiento
es que luego de Dios, veamos a nuestro prójimo y le amemos como a nosotros
mismos (Gálatas 5:14; Santiago 2:8).
¿Por qué como a nosotros mismos?
“No debáis a nadie
nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la
ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso
testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se
resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es
el amor” (Romanos 13:8-10)
2) Porque
Cristo nos amó y en su condición humana, en humildad, se entregó a sí mismo
como sacrificio por nuestros pecados. Cristo es el ejemplo a seguir. No podemos
ser egoístas sino que debemos pensar en los demás.
“Nada
hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada
uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo
suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en
vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el
cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma
de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de
hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte
de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:3-9)
Quizás te preguntes, ¿y qué de la ley dada al pueblo de Dios? ¿Hay algo
malo en ella? Mira lo que la Palabra nos enseña:
1) La ley nos enseña a distinguir entre el bien y el mal. La ley nos enseña
lo que para Dios es considerado pecado (todo aquello que va en contra de Sus
estatutos).
“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna
manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera
la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).
2) La ley fue dada por un corto tiempo, para que nos instruyera en el
conocimiento de Cristo y nos preparara para recibir a Cristo como Nuestro Señor
y Salvador. La ley no es de fe, sino que estipula una serie de preceptos o
estatutos que, de no ser cumplidos tal y como están estipulados, el hombre se considera
pecador y transgresor de la ley.
“Porque todos los que dependen de
las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo
aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley,
para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es
evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que
dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la
maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito
todo el que es colgado en un madero” (Gálatas
3:10-13)
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa
de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la
promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el
mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a
las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar,
la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo
bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a
los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley,
encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido
nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la
fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios
por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en
Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo
ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo
Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y
herederos según la promesa” (Gálatas 3:19-29)
En resumen, ¿qué tiene mayor peso de eternidad conforme a los preceptos de Dios? ¿cuál es ley de mayor importancia para Dios?
Amarale con todo nuestro ser (corazón, alma, y
mente) y amar a nuestro prójimo (incluyendo a aquellos que nos hacen mal) como a nosotros mismos.
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