Me imagino que hay muchos o que habremos muchos de nosotros que en ocasiones hemos dicho: “Señor, ¿hasta cuándo seremos testigos de tanta injusticia, crueldad, dolor y sufrimiento? ¿Hasta cuándo aquellos que se encuentran en ciertas posiciones importantes (e.g. gobierno, trabajo, etc.) han de seguir oprimiendo y humillando a aquellos menos afortunados? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar las injusticias, maltratos, mentiras, calumnias y chantajes de otros?” Déjame decirte que no somos los únicos que hemos pensado de esa manera. La Biblia también nos enseña que hubo un siervo y profeta de Dios que se quejó por todas las cosas que estaba presenciando. ¿Sabes de quién hablo? De nada más y nada menos que del profeta Habacuc:
“Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnos? ¿Por qué me haces ver tanta angustia y maldad? Estoy rodeado de violencia y destrucción; por todas partes hay pleitos y luchas. No se aplica la ley, se pisotea el derecho, el malo persigue al bueno y se tuerce la justicia”- [Habacuc 1:2-4 –Versión Dios Habla Hoy)].
Dios responde a la pregunta de Habacuc diciendo que El iba a usar a Babilonia (los caldeos) como instrumento para castigar a Judá (Habacuc 1:5-11). Entonces Habacuc, al escuchar esto se pregunta, ¿Cómo ha ser posible de que Dios escoja a una nación más injusta y cruel que Judá para castigar a la misma? (1:12-2:1). Dios, sin embargo, le responde que Babilonia también habría de ser castigada (2:2-20). Ahora bien, ¿por qué comparto lo antes expuesto? Bueno porque es bueno saber qué estaba aconteciendo en esos momentos para así poder entender el mensaje principal de esta reflexión. Cuando Habacuc escuchó lo que Dios iba a hacer, éste se acercó a Dios en oración.
“Lo que oigo acerca de ti, Señor, y de todo lo que has hecho, me llena de profunda reverencia. Realiza ahora, en nuestra vida, tus grandes acciones de otros tiempos, para que nosotros también las conozcamos. Muéstranos así tu compasión aún en medio de tu enojo. Dios viene de la región de Temán; del monte Parán viene el Dios Santo. Su gloria se extiende por todo el cielo, y el mundo entero se llena de su alabanza. Viene envuelto en brillante resplandor, y de sus manos brotan rayos de luz que muestran el poder que en él se esconde”- Habacuc 3:2-4 (Versión Dios Habla Hoy).
Habacuc, no sólo reconoció que Dios era un Dios poderoso que había hecho grandes obras en tiempos pasados….Habacuc reconocía y creía que Dios era real y que podía hacer grandes cosas en ese momento. Habacuc entendía que Dios no había cambiado…Dios seguía siendo el mismo Dios que había libertado al pueblo de Israel de la esclavitud vivida en Egipto y que abrió camino en medio del Mar Rojo cuando el ejército de Faraón los perseguía…Dios seguía siendo el mismo que estuvo con el pueblo 40 años por el desierto, proveyendo alimento (maná) y guardando sus vestiduras en todo ese tiempo para que no se gastaran…Dios era y seguía siendo un Dios de milagros y de portentos. Habacuc era un hombre que tenía una fe cimentada totalmente en Dios. Lamentablemente, muchas veces pensamos que las circunstancias actuales son tan grandes que nada ni nadie las puede cambiar. Se nos olvida “el historial” de Dios. Sin embargo, ¡hay mucho que aprender de Habacuc! Dios es un Dios justo y siempre tiene respuesta a nuestras preguntas. Dios quiere cada día que nos acerquemos a Él, que hablemos con El. Habacuc nos enseña que no debemos acercarnos a Dios sólo cuando queremos o necesitamos algo…no es en pensar sólo en nosotros sino también en otros. Debemos acercarnos a Dios para pedir por su misericordia para con esta humanidad caída y sufrida….para pedirle a Dios que se revele a nuestras vidas y que podamos ser testigos de su poder….para que podamos crecer en fe…..para que al igual que en tiempos pasados, nosotros también podamos ser testigos de Su gloria. Dios es un Dios poderoso, y Su resplandor ha de iluminar, ha de cambiar las vidas de muchos. ¡Qué alegría y gozo sería el ver a las gentes con un rostro sonriente y resplandeciente….con un nuevo cantar….con libertad del alma…con el gozo de salvación! Dios es un Dios compasivo y misericordioso….nunca dudes de Su poder, justicia y amor….pero sobretodo, nunca olvides que la oración puede cambiar las vidas... La oración no es solo hablar con Dios es el método que El diseñó para que le conozcamos y dependamos más de Él.
“Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza…”- Habacuc 3:17-19 (NVI)
God bless!!!!!
Liz
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