¿Alguna vez han sentido que no salen de un problema o dificultad cuando ya tienen el otro encima? Me imagino que muchos se preguntarán, ¿qué he hecho yo ahora para que me sucedan tantas cosas? Saben, el tener que pasar por muchas dificultades no necesariamente significa que hayamos hecho algo malo. Aunque no lo entendamos en el momento, todo pasa con un propósito...pero,¿cuál es nuestra actitud ante dichas situaciones? ¿Renegamos de nuestra fe? ¿Culpamos a Dios? o decimos, "todo lo que tengo ha sido porque ha Dios le ha placido, y todo lo que soy es gracias a El"? En nuestras vidas pasaremos por situaciones en que para muchos podrían parecer “mega” tragedias, pero lo importante no es cómo pueda parecer, sino nuestra actitud. ¿Habremos de recibir siempre lo bueno y no experimentar dificultades, desilusiones, sufrimientos, etc.? De ser así, crees que pensarías y buscarías más de Dios? Hay veces que necesitamos pasar momentos difíciles para que nos acordemos que Dios está cerca y quiere compartir con nosotros mucho más. Hoy quiero compartir con ustedes la historia de un hombre que fue recto, bueno y justo ante Dios, sin embargo, también pasó por momentos bien difíciles. Este hombre, perdió bienes materiales, familiares, empleados, etc....y todas estas noticias las recibió una detrás de la otra. A pesar de todo este dolor y sufrimiento, este hombre tuvo una actitud que realmente muestra en dónde estaba su fe...no era en sus posesiones, gente o trabajo....su fe iba mucho más allá. Les invito a leer el pasaje y a ver por ustedes mismos la actitud de este gran hombre.
God bless!!!!
Liz
Job 1: 1-22
“Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales. E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.”
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