¿Alguna vez habías escuchado esta expresión… “Yo perdono pero no olvido”? Quizás muchos de nosotros la hemos utilizado en algún momento en nuestras vidas. Irónicamente el decir que “perdonamos pero que no olvidamos” demuestra en cierta forma que NO hemos perdonado genuinamente. El perdonar va mucho más allá de las palabras….implica acción….hechos que lo demuestren. Cuando se perdona se dejan atrás las ofensas, las faltas, todo aquello que de una u otra forma nos ha causado un daño. Por otro lado el olvidar implica el sacar de la mente o de la memoria lo sucedido tiempo atrás. En otras palabras, borrón y cuenta nueva. Probablemente te preguntas, qué fácil es decir que se puede perdonar y olvidar, pero cuando alguien o algo nos hiere o perjudica difícilmente se puede olvidar. Pues te diré que sí, que se nos hace más fácil decirlo que hacerlo….Sabes por qué? Porque nuestro corazón y nuestras emociones se encuentran envueltos. Cuando nos dejamos llevar por nuestras emociones/por lo que sentimos, difícilmente se nos hace dar ese paso que a la larga evitará que desarrollemos sentimientos tales como el resentimiento, la amargura y el odio. Proverbios 28:26 dice: “El que confía en su propio corazón es necio (no sabe lo que puede o debe hacer); Mas el que camina en sabiduría será librado”. El dejarnos llevar por lo que nos dice nuestro corazón no es del todo sabio, ya que el corazón es traicionero, es engañoso (Jeremías 17:9)…..y nos puede llevar a cometer muchos errores… “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). ¿Por qué es importante conocer acerca de esto? Es importante, ya que muchas veces pensamos que por no matar, hurtar o hacerle daño a nuestro prójimo estamos bien delante de Dios y cumplimos con sus mandamientos. Sin embargo, los estándares de Dios van más allá de los nuestros. En Mateo 5:21-22a, Jesús le dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio…” Cuando nos enojamos y no olvidamos las ofensas o faltas de otros, nuestro corazón es encarcelado/aprisionado en los malos pensamientos, odio, rencor, etc. Quizás dices….he perdonado tantas veces….ya es demasiado….ya yo no lo voy a hacer más…..pero, ¿que nos enseña Jesús? Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18:21-22). El poder perdonar es un privilegio y una dicha, pero sobretodo un mandamiento… “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas” (Mateo 6:14-15). ¿Alguna vez habías pensado en eso? ¿Qué triste sería que Dios/Jesús mismo nos dijera…yo te perdono pero nunca voy a olvidar lo que has hecho. Sin embargo, ese no es el caso. Dios en su infinita misericordia y por su inmenso amor perdona y borra nuestras ofensas (Isaías 43:25); Dios olvida nuestras faltas y echa en el fondo del mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:18-19). Te invito a meditar en lo antes expuesto. Si sientes que Dios te ha hablado, cierra tus ojitos y pídele a Dios que te ayude a perdonar, que te ayude a limpiar tu corazón. Pídele a Dios que examine tu corazón para que de esa forma sea Él quien revele cualquier sentimiento oculto que te esté causando dolor….que te impida amar al grado que Dios quiere que lo hagas.
“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad (maldad), y en cuyo espíritu no hay engaño.” Salmo 32:1-2
God bless!!!
Liz
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