Saturday, July 20, 2013

Me Hundo, ¡Ayúdame Señor!

"Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: —¡Sálvame, Señor! Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: —¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús, y le dijeron: —¡En verdad tú eres el Hijo de Dios!"- Mateo 14:30-33

Pedro, caminando sobre las aguas, iba dirigido a Jesús (vs. 29). En medio de la tempestad donde se encontraba, Pedro había puesto su mirada/enfoque en Jesús. Por fe, dejó la barca que físicamente lo mantenía "sobre" las aguas. Ahora Pedro permanecía "sobre" las aguas, pero ésta vez, por medio de Jesús...por la autoridad de el Maestro y el Poder de Su Palabra: ¡Ven! (vs. 29). A pesar de la fe que tuvo en el Señor, el ruido y fuerza del viento que rodeaban a Pedro influyeron en su manera de actuar ante sus circunstancias. Pedro puso su mirada en lo que lo amenazaba...Pedro giró/volteó su cabeza y sus ojos perdieron el contacto directo que tenían con los ojos de Jesús. Tan pronto Pedro cambió su vista, notó/percibió la "magnitud" de la tempestad que le rodeaba. Pedro comenzó a ver que sus circunstancias eran horrorosas. ¡Pedro tuvo MIEDO y comenzó a HUNDIRSE! Al parecer, Pedro, por un corto tiempo sintió que era el "protagonista" en una película de fantasia"...caminando sobre el agua y "desafiando" las leyes de física y gravedad, etc. Sin embargo, cuando alguien "sueña" mucho o tiene una gran imaginación, usualmente le decimos: ¡bájate de esa nube! ¡Vuelve a la realidad!

Aunque sabemos que Pedro no se estaba imaginando las cosas....él estaba experimentando el poder de Su Maestro...pero humanamente sabemos que sus circunstancias eran las mismas...permanecía en medio de una tormenta. Pedro se enfrentó a ese dilema...si su "realidad" era una tormenta... ¿cómo olvidarse de ello? Fue esa realidad la que dirigió, alteró su perspectiva de ver las cosas. Pedro se dejó llevar por lo que su "sentido común" o lógica humana" le "sugerían" en ese preciso momento. Pero, ¿qué de lo dicho por el Maestro?¿Qué de la autoridad de Jesús? ¿Qué de lo experimentado momentos atrás...del caminar sobre el agua aún con los vientos recios...donde la magnitud de la tormenta no parecía importar? ¿Cómo olvidarlo? En todo esto...hay un pequeño, único y vital detalle que habla por sí solo...cuando el Señor NO ES nuestro enfoque, el miedo, estrés y ansiedad "dictaminan"/"influyen" en nuestra manera de pensar. Cuando el Señor NO ES nuestro enfoque, nuestras circunstancias toman el lugar que al Señor le corresponde en nuestras vidas, dominando así nuestra mente y pensamientos. Nuestras circunstancias se vuelven tan "violentas" que nos van hundiendo poco a poco y nuestra fe comienza a menguar. Sin embargo, una vez reconocemos nuestra necesidad y dependencia del Señor...cuando reconocemos que nuestra ayuda y único refugio en esos momentos...entre la vida y la muerte...entre el naufragio y el rescate...el invocar el nombre de Nuestro Señor y Salvador (¡Sálvame, Señor!- vs. 30) ocasiona/produce un cambio de ambiente y de circunstancias.

Nuestro Señor SIEMPRE está dispuesto a socorrernos y extiende su brazo para que nos apoyemos en Él y salgamos a flote. El Señor nos enseña que no podemos dejar que las circunstancias que nos rodean nublen nuestra mirada.... no podemos dejar que los vientos violentos en las tormentas de nuestras vidas nos agobien, a tal grado, que nos hagan dudar/desconfiar en la autoridad y en las promesas del Señor...

" En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo"- Juan 16:33

El Señor es nuestro socorro, y cuando caminamos y nos subimos nuevamente a la barca con Él... emprendiendo nuevas travesías... experimentando nuevos rumbos en la vida... los vientos violentos tienen que sosegar... tienen que adormecer y callar. El Señor nos enseña que Él es más poderoso que el violento viento... Él es más poderoso que las tormentas...Él es más grande que cualquier dificultad enfretada. El Señor, Nuestro Señor, quiere que mantengamos nuestra mirada y fe enfocadas solamente en Él. Jesús se encargará del resto...Él se encargará de dirigir nuestra barca al destino final. Jesús es Nuestro Salvador y Alto Refugio (Salmo 18:2)... Él es el Hijo de Dios, por tanto, en Sus manos estaremos seguros y SIEMPRE nos susurra al oído que lo que Él promete, Él lo cumple.

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